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domingo, 13 de mayo de 2018

Mi tierra.


Echo de menos mi tierra.
Echo de menos las vistas hacia tus ojos,
El movimiento de mis hojas entre tu pelo,
Y el viento que sale de tu boca contra mi cuello.

Echo de menos mi tierra.
Echo de menos el brillo del sol tras cada palabra tuya,
Nuestros dedos entrelazados,
Y el puto ronroneo que me sale cuando me abrazas.

Echo de menos mi tierra.
Echo de menos marcar tu carne con mis dientes,
Formar riachuelos en tu piel con mi lengua,
Y arañar tu espalda hasta llegar a tus alas.

Echo de menos mi tierra.
Echo de menos morderte la boca,
Tenerte cerca,
Y sentir tu aroma.

Echo de menos mi tierra y todo lo que marqué como mío. Sabiendo que un te quiero no queda a la altura de lo que siento cuando te miro y sonrío. Sabiendo que mi tierra, en realidad, ni es mía ni es de nadie, solo digo que es mía porque la piel de mi tierra se eriza cuando la acaricio, y cuando el huracán de mi vaho choca con su cuerpo. Aunque mi tierra no es exactamente mía, he decidido no fallarle, serle fiel a su puta naturaleza tan fantástica que ha conseguido enloquecerme, cuidarla, quererla, mimarla, amarla. Pues, aunque mi tierra no sea mía, merece ser querida, y si soy yo la única que lo hace, déjenme quererla con locura, porque de otra forma no sé hacerlo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Perdóname.

    Perdona mi ignorancia.
    Esa que me hace pensar que no ser igual que las demás me haría insignificante y estúpida. Por no darme cuenta del tipo de persona que soy y no dejarme a mí misma ver el amanecer y vivir dentro de una oscuridad eterna que fuiste apartando con tu sonrisa.

    Esa que no me ha dejado perdonarme a mí misma en mucho tiempo por el daño indirecto que me he estado haciendo, que no me ha dejado pensar con naturalidad y me ha metido ideas estúpidas en la cabeza sobre la perfección que son completamente erróneas. Lo siento, esa no era yo.

Perdona mi ignorancia.
Esa que tan de mal humor me pone sin yo quererlo, sin poder evitarlo. Esa que, aun teniendo frío, prendía fuego en mí e intentaba apagar las llamas a base de lágrimas sin sentido...
La que no me deja concentrarme en el trabajo, la que me deja sin ideas.

Es ella la que esconde un ''Me has alegrado el día'' en un ''Buenas noches, descansa''. La que me pone un muro delante para que no vea más allá de lo que puedo llegar a conseguir. La que durante mucho tiempo escondió mi sonrisa y la cambió por complejos.

Perdona mi ignorancia.
Perdóname.
Por ser tan jodidamente insoportable a veces (por no decir siempre). Por hacerle caso a mi puta ignorancia y dejarme poner límites cuando no debería. Por pensar que puedo llegar a ser lo más grande cuando puedo llegar a ser gigantesca en lo que hago y se me da bien.
Y, por último, solamente porque si sigo diciendo más mierdas te aburrirás, por pensar que no soy bonita e intentar esconderme bajo una naturalidad extraña que no todos comprenden o que llaman locura, pero más que un escondite, es una forma de ser que no pega mucho con el físico, pero sí lo complementa.






jueves, 18 de mayo de 2017

Carta de Despedida

    Adiós.
    ¿Por qué en algunas ocasiones es difícil decirlo, a veces duro y a veces una simple forma de despedirse? Algo que se dice con una sonrisa esperanzadora, o también entre lágrimas. Con fondo blanco o negro. Que puede ser dulce o amarga...
    Creo que ahora es el momento. Es el momento de que diga adiós a esa gente que ha desaparecido de mi vida, a esos recuerdos que no vale la pena seguir con ellos toda la vida, pues siguen ahí como una espina clavada en el corazón que ni con agua se va. 
    Creo que ya es mi momento. Es el momento de romper barreras y sentir que puedo con todo sin que me pese en la conciencia. Que puedo superar los obstáculos con saltos kilométricos. Que aunque no tenga la razón para otros, saber que realmente la tengo. Que puedo llegar a pisar esas lenguas que han hablado siempre mal de mí o de la gente que me rodea.
    Creo que es la hora.
    Va siendo hora de dejar de llorar sin sentido.
    Créeme, no es fácil. No es fácil soltar la mano del miedo. No es fácil dejar atrás todo aquello que me ha hecho como persona, pero no hay otra opción.
    Debo despedirme.
    Despedirme de toda esa gente que se han ido definitivamente, que se han ido quizá temporalmente.
    Quizá, si estás leyendo esto, es porque cayó en tus manos por casualidad, porque serás una persona de la cual no quiero despedirme o quizá porque no sabías qué hacer. En estos tres casos... quiero que sepas que no me despediré de ti.
    Lo siento, pero es momento de verme tal y como soy, buscarme y encontrarme entre la nada y salvarme a mí misma. Y no veo otra forma de hacerlo. Si pudiese vender mis recuerdos más malos... podría haber sido más rica que Amancio Ortega, pero ¿para qué? Al final tendría que ir a sitios que había visitado antes y tendría que buscar la respuesta al ''¿Por qué me suena este sitio?''

    Ahora quiero escribir. Solo eso. Centrarme en mis estudios, en la gente que me rodea y realmente se merece seguir aquí, centrarme en los libros que escribo y dejar de ser aquella chica que tenía miedo a perder, a que nada le saliera bien. Pero me he dado cuenta que esa chica ha dejado de existir. Extraño, ¿verdad? Algo que le he prometido a todos y ha ocurrido igualmente sin que me diera cuenta.
    Quiero dejar todo lo que pensé a la deriva, todo lo que he compartido y no han agradecido, TODO.
    Ahora que oigo cómo viene el tren de mi vida a recogerme, debo decir que, a partir de ahora, mi vida fluirá. No planearé nada. Dejaré que fluya. Aunque me vengan decisiones difíciles, dejaré que sea mi corazón el que decida por mí, porque si empiezo a hacer caso a mi cabeza, no llegaría a decidir lo mejor para mí, sino razonaría para que nadie saliera dañado, pero eso se acabó.
    Que todo te vaya bien, aunque no leas esto, ya que eres una persona de la cual me quiero despedir.

Besos y abrazos.
Ariadna.

PD: Adiós.