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jueves, 18 de mayo de 2017

Carta de Despedida

    Adiós.
    ¿Por qué en algunas ocasiones es difícil decirlo, a veces duro y a veces una simple forma de despedirse? Algo que se dice con una sonrisa esperanzadora, o también entre lágrimas. Con fondo blanco o negro. Que puede ser dulce o amarga...
    Creo que ahora es el momento. Es el momento de que diga adiós a esa gente que ha desaparecido de mi vida, a esos recuerdos que no vale la pena seguir con ellos toda la vida, pues siguen ahí como una espina clavada en el corazón que ni con agua se va. 
    Creo que ya es mi momento. Es el momento de romper barreras y sentir que puedo con todo sin que me pese en la conciencia. Que puedo superar los obstáculos con saltos kilométricos. Que aunque no tenga la razón para otros, saber que realmente la tengo. Que puedo llegar a pisar esas lenguas que han hablado siempre mal de mí o de la gente que me rodea.
    Creo que es la hora.
    Va siendo hora de dejar de llorar sin sentido.
    Créeme, no es fácil. No es fácil soltar la mano del miedo. No es fácil dejar atrás todo aquello que me ha hecho como persona, pero no hay otra opción.
    Debo despedirme.
    Despedirme de toda esa gente que se han ido definitivamente, que se han ido quizá temporalmente.
    Quizá, si estás leyendo esto, es porque cayó en tus manos por casualidad, porque serás una persona de la cual no quiero despedirme o quizá porque no sabías qué hacer. En estos tres casos... quiero que sepas que no me despediré de ti.
    Lo siento, pero es momento de verme tal y como soy, buscarme y encontrarme entre la nada y salvarme a mí misma. Y no veo otra forma de hacerlo. Si pudiese vender mis recuerdos más malos... podría haber sido más rica que Amancio Ortega, pero ¿para qué? Al final tendría que ir a sitios que había visitado antes y tendría que buscar la respuesta al ''¿Por qué me suena este sitio?''

    Ahora quiero escribir. Solo eso. Centrarme en mis estudios, en la gente que me rodea y realmente se merece seguir aquí, centrarme en los libros que escribo y dejar de ser aquella chica que tenía miedo a perder, a que nada le saliera bien. Pero me he dado cuenta que esa chica ha dejado de existir. Extraño, ¿verdad? Algo que le he prometido a todos y ha ocurrido igualmente sin que me diera cuenta.
    Quiero dejar todo lo que pensé a la deriva, todo lo que he compartido y no han agradecido, TODO.
    Ahora que oigo cómo viene el tren de mi vida a recogerme, debo decir que, a partir de ahora, mi vida fluirá. No planearé nada. Dejaré que fluya. Aunque me vengan decisiones difíciles, dejaré que sea mi corazón el que decida por mí, porque si empiezo a hacer caso a mi cabeza, no llegaría a decidir lo mejor para mí, sino razonaría para que nadie saliera dañado, pero eso se acabó.
    Que todo te vaya bien, aunque no leas esto, ya que eres una persona de la cual me quiero despedir.

Besos y abrazos.
Ariadna.

PD: Adiós.