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domingo, 10 de septiembre de 2017

Perdóname.

    Perdona mi ignorancia.
    Esa que me hace pensar que no ser igual que las demás me haría insignificante y estúpida. Por no darme cuenta del tipo de persona que soy y no dejarme a mí misma ver el amanecer y vivir dentro de una oscuridad eterna que fuiste apartando con tu sonrisa.

    Esa que no me ha dejado perdonarme a mí misma en mucho tiempo por el daño indirecto que me he estado haciendo, que no me ha dejado pensar con naturalidad y me ha metido ideas estúpidas en la cabeza sobre la perfección que son completamente erróneas. Lo siento, esa no era yo.

Perdona mi ignorancia.
Esa que tan de mal humor me pone sin yo quererlo, sin poder evitarlo. Esa que, aun teniendo frío, prendía fuego en mí e intentaba apagar las llamas a base de lágrimas sin sentido...
La que no me deja concentrarme en el trabajo, la que me deja sin ideas.

Es ella la que esconde un ''Me has alegrado el día'' en un ''Buenas noches, descansa''. La que me pone un muro delante para que no vea más allá de lo que puedo llegar a conseguir. La que durante mucho tiempo escondió mi sonrisa y la cambió por complejos.

Perdona mi ignorancia.
Perdóname.
Por ser tan jodidamente insoportable a veces (por no decir siempre). Por hacerle caso a mi puta ignorancia y dejarme poner límites cuando no debería. Por pensar que puedo llegar a ser lo más grande cuando puedo llegar a ser gigantesca en lo que hago y se me da bien.
Y, por último, solamente porque si sigo diciendo más mierdas te aburrirás, por pensar que no soy bonita e intentar esconderme bajo una naturalidad extraña que no todos comprenden o que llaman locura, pero más que un escondite, es una forma de ser que no pega mucho con el físico, pero sí lo complementa.