Páginas

domingo, 13 de mayo de 2018

Mi tierra.


Echo de menos mi tierra.
Echo de menos las vistas hacia tus ojos,
El movimiento de mis hojas entre tu pelo,
Y el viento que sale de tu boca contra mi cuello.

Echo de menos mi tierra.
Echo de menos el brillo del sol tras cada palabra tuya,
Nuestros dedos entrelazados,
Y el puto ronroneo que me sale cuando me abrazas.

Echo de menos mi tierra.
Echo de menos marcar tu carne con mis dientes,
Formar riachuelos en tu piel con mi lengua,
Y arañar tu espalda hasta llegar a tus alas.

Echo de menos mi tierra.
Echo de menos morderte la boca,
Tenerte cerca,
Y sentir tu aroma.

Echo de menos mi tierra y todo lo que marqué como mío. Sabiendo que un te quiero no queda a la altura de lo que siento cuando te miro y sonrío. Sabiendo que mi tierra, en realidad, ni es mía ni es de nadie, solo digo que es mía porque la piel de mi tierra se eriza cuando la acaricio, y cuando el huracán de mi vaho choca con su cuerpo. Aunque mi tierra no es exactamente mía, he decidido no fallarle, serle fiel a su puta naturaleza tan fantástica que ha conseguido enloquecerme, cuidarla, quererla, mimarla, amarla. Pues, aunque mi tierra no sea mía, merece ser querida, y si soy yo la única que lo hace, déjenme quererla con locura, porque de otra forma no sé hacerlo.